¿Nunca has pensado en salir del vehículo, dejar todo atrás y simplemente irte?
Bueno nosé muy bien si vosotros lo habeis pensado, pero yo sí, además costumbro a hacerlo cuando estoy deprimida y con el ánimo bajo...
¿En qué pienso?
Meras fantasias, no hay más misterio, pero en el mundo de mi imaginación soy yo la que dicta las normas y soy yo la que puede hacer lo que me venga en gana.
Bien, lo que pienso es lo siguiente:
Cuando vuelvo del colegio, tras la continua e inaguantable rutina, acompañada de quizás enfados con los amigos o bien con los profesores, me subo al coche, coloco los cascos en mis orejas (generalmente burscamente) y comienzo a sumergirme en mi mundo, intentando abstraerme de la realidad en la que me hayo inmersa.
Después de salir de la urbanización del colegio Sek-el castillo, alias "Infierno" para los amigos y "Hell" para los residentes extranjeros que tienen que tragar la mierda elebada a la cuarta potencia cada día, hay un precioso prado, que este año con la lluvia, ha hecho crecer la hierva, que el sol la hace brillar y ser más verde.
En mi mente recorre la tentación de abrir las puertas del coche, sin más no decir nada y dejarlo todo atrás.
Y...
CORRER!
SALTAR!!
BRINCAR!!
Correr hasta que en mi cuerpo me falte el aliento, hasta explotar y haber expulsado todo el dolor, estrés y semejantes sentimientos que transmite el colegio.
Ya no hay fronteras, campos de superioridad, motivos que te hagan rabiar, palabras que puedan hacer dentro de ti una bomba explotar.
Aqui no hay nada sino PAZ y TRANQUILIDAD.
Estoy sola y cuando me canso me tiro en el prado verde y miro al cielo, contemplando cómo poco a poco se desplazan las nubes y en mi entran las ganas de cruzarlo de un extremo a otro junto a ellas.

A mis espaldas crecer poco a poco pequeñas alas blancas, que con el paso de los segundos, crecen rapidamente hasta haberse convertido en grandes y majestuosas alas que se extienden a lo largo de todo mi cuerpo, pudiendo cubrir por completo mi cuerpo.
Ya son parte de mi.
Corro de nuevo a través de las bridnas de cesped, y de un salto asciendo al cielo.
Con cuerdo voy ascendiendo mis alas se van desplegando y ya me veo surcando los cielos.
A mis pies veo la carretera, llena de coches, tráfico y peligro. Aquí en el cielo sólo estamos las aves y yo.
¿Qué más me falta?
Me hayo inmersa en mi felicidad pura y limpia...
Pero todo esto se acaba cuando noto un freno brusco y toda imagen se borra en un instante.
Acabábamos de llegar a casa y me había quedado dormida en el cohce otra vez.
Pero me consuela decir que cuando me desperté me sentía descansada en paz, como si todo lo soñado hubiera sido realidad.

